Madurez
Madurez.
No me gusta esa palabra. Y mira que no la he oído veces, no tendría por qué ser así. Pero la asocio con ese vacío que día a día se va apoderando un poco más de mí. La asocio con esa indecisión que hace que no pueda nunca estar calmada. La asocio con mi apariencia de niña frágil, tonta, cuando no me gustaría ser así.
¿Qué me está pasando? Puede que sea eso, la madurez.
No quiero parecer una inútil, no me gustaría… Hay tantas cosas que no me gustarían.
Estoy un poco harta de verme como una marioneta, que no tiene ni siquiera decisión propia. ¿Por qué…? Puede que ya se me haya pasado la edad de preguntar todo.
Y porque día a día mi sonrisa se hace más falsa, ahogada en un mundo de apariencias, donde nada es lo que parece y si doy con la salida acertada, en la puerta me espera otro reto, lo sé.
Cada día las cosas que antes hacía me parecen más y más infantiles, hoy ya no tienen sentido. Ya no. ¿Y por qué las sigo haciendo?, me pregunto yo.
Esto es como un viaje interminable, que hace que cada vez me cuestione más mis propias acciones. No quería aceptarlo, pero sé que es así. Ya me he hartado del cuento de hadas que me he creado para mí misma, quiero ver más allá.
¿Y si ya no estoy en edad de hacer tonterías?
Puede que sí, ya no lo sé. Lo único que conozco es que ya no soy la misma. Ya no. ¿Y por qué? Ya dije que se me está pasando el tiempo de hacer tantas preguntas…
Estoy un poco harta de escribir hojas en blanco, todas con el mismo tema, todas iguales. Me parecen todas escritas por la mano de una cría, que inocentemente cree que se va a comer el mundo.
Y de repente, llega el vacío. Yo no sé nada, y puede que no lo sepa nunca. ¿Por qué escribo sobre cosas que ni siquiera he probado? Otra vez con las preguntas…
Siempre me ha parecido que la vida es como una manzana, mordisco a mordisco, pedazo a pedazo… se te acaba. Pero que luego, en el centro aún queda esa semilla, que es el inicio de otra manzana… otra nueva vida.
Puede que sólo sea otro cuento de hadas que se crea mi propia imaginación, ¿pero y si tengo razón? Qué sabré yo, si ya he dicho que no sé nada…
Y de pronto, me imagino, y pienso, y creo… Puede que exista un momento en la vida en el que hay que afrontar las cosas y dejar de ponerle a todo explicaciones imposibles, y arreglarlo todo con una sonrisa. Puede que haya un instante, en el que ya no me valga con decir que lo solucionen otros… ¿Y si esta vez me toca a mí?
Ya no le puedo cargar los problemas a otros, es el momento de aceptar mi propio destino. No ése, ni aquel otro. El mío.
No me gusta esa palabra. Y mira que no la he oído veces, no tendría por qué ser así. Pero la asocio con ese vacío que día a día se va apoderando un poco más de mí. La asocio con esa indecisión que hace que no pueda nunca estar calmada. La asocio con mi apariencia de niña frágil, tonta, cuando no me gustaría ser así.
¿Qué me está pasando? Puede que sea eso, la madurez.
No quiero parecer una inútil, no me gustaría… Hay tantas cosas que no me gustarían.
Estoy un poco harta de verme como una marioneta, que no tiene ni siquiera decisión propia. ¿Por qué…? Puede que ya se me haya pasado la edad de preguntar todo.
Y porque día a día mi sonrisa se hace más falsa, ahogada en un mundo de apariencias, donde nada es lo que parece y si doy con la salida acertada, en la puerta me espera otro reto, lo sé.
Cada día las cosas que antes hacía me parecen más y más infantiles, hoy ya no tienen sentido. Ya no. ¿Y por qué las sigo haciendo?, me pregunto yo.
Esto es como un viaje interminable, que hace que cada vez me cuestione más mis propias acciones. No quería aceptarlo, pero sé que es así. Ya me he hartado del cuento de hadas que me he creado para mí misma, quiero ver más allá.
¿Y si ya no estoy en edad de hacer tonterías?
Puede que sí, ya no lo sé. Lo único que conozco es que ya no soy la misma. Ya no. ¿Y por qué? Ya dije que se me está pasando el tiempo de hacer tantas preguntas…
Estoy un poco harta de escribir hojas en blanco, todas con el mismo tema, todas iguales. Me parecen todas escritas por la mano de una cría, que inocentemente cree que se va a comer el mundo.
Y de repente, llega el vacío. Yo no sé nada, y puede que no lo sepa nunca. ¿Por qué escribo sobre cosas que ni siquiera he probado? Otra vez con las preguntas…
Siempre me ha parecido que la vida es como una manzana, mordisco a mordisco, pedazo a pedazo… se te acaba. Pero que luego, en el centro aún queda esa semilla, que es el inicio de otra manzana… otra nueva vida.
Puede que sólo sea otro cuento de hadas que se crea mi propia imaginación, ¿pero y si tengo razón? Qué sabré yo, si ya he dicho que no sé nada…
Y de pronto, me imagino, y pienso, y creo… Puede que exista un momento en la vida en el que hay que afrontar las cosas y dejar de ponerle a todo explicaciones imposibles, y arreglarlo todo con una sonrisa. Puede que haya un instante, en el que ya no me valga con decir que lo solucionen otros… ¿Y si esta vez me toca a mí?
Ya no le puedo cargar los problemas a otros, es el momento de aceptar mi propio destino. No ése, ni aquel otro. El mío.

